Hay amores que nunca desaparecen. Como si fueran restos de polvo debajo de los muebles. Y lo mueves, lo retiras, lo barres, lo soplas, pero sigue ahí.
Sin embargo, aunque sigan, tienes la certeza de que si no fue, no será.
Esa certeza permite el acto de sanar, que implica cambiar la casa, renovar los muebles y cuidarlos del polvo. Por eso, aunque este se siga intentando colar por la ventana, en cicatrices bien cerradas ni el aire entra.
Sin embargo, aunque sigan, tienes la certeza de que si no fue, no será.
Esa certeza permite el acto de sanar, que implica cambiar la casa, renovar los muebles y cuidarlos del polvo. Por eso, aunque este se siga intentando colar por la ventana, en cicatrices bien cerradas ni el aire entra.
